Estas niñas,
las hermanas María y Centa Rossi,
hoy se han quedado fuera de la escuela,
reclusas para siempre y para casi nadie
en el retrato de un pintor lombardo.
La mayor mira con melancolía,
la pequeña sonríe.
Y pienso sin quererlo en multitudes
de parejas de hermanos:
tal vez mi hermano y yo,
o mi otro hermano y yo,
o cualquier paseante
que al avanzar el día
se convierte en hermano de sí mismo,
un extraño con aires de familia,
cada vez más ajeno al niño que sonríe.
Procuro no ver nada
bajo la luz grumosa de este lienzo,
para evitar deciros
que la edad nos instruye en la tristeza.
(de La sangre de los fósiles, Tusquets, 2005)