MÚSICA Y CACOFONÍA

Pablo Manzano

El puente de la jirafa

Barataria

Madrid, 2008.

189 págs.

Dos son las grandes virtudes de El puente de la jirafa, primera novela de Pablo Manzano (San Luís, Argentina, 1972). Por un lado, que su propuesta no suena a la de ningún otro escritor contemporáneo. Tiene ecos, obviamente, de autores diversos (teatro del absurdo, surrealismo, poéticas excéntricas como las de, quizá, Gombrowicz o Piñera); pero la música es original. En clave de tragicomedia, construye una relación triangular entre personajes huérfanos, que derrumban cuanto paraíso artificial (drogas, fiestas, sexo, magia) han construido. La acción tiene lugar en un marco urbano, policéntrico, pero con dos puntos principales: la casa que los tres personajes comparten y la tienda donde se surten de alucinógenos, hierbas e inventos mágicos. Como contrapunto de sus idas y venidas, sus mascotas protagonizan diálogos a medio camino entre Valle-Inclán y Family Guy; no en vano son un gato con aletas de foca y un híbrido de perro y loro. Por el otro lado, es de destacar el hecho que la novela parezca lingüísticamente anclada en un territorio extra-espacial. Ha sido escrita en español peninsular por un autor de origen argentino radicado en Barcelona, y su ubicación es Big City, en oposición a la periférica Nowthere Town.

Precisamente esa voluntad de alterar nominalmente la realidad conduce al principal problema de la ficción. Un ejemplo puede explicarlo. La protagonista recibe una botella con un mensaje de su padre desde la ciudad de provincias, que reproduce tanto violencia verbal, en que se insinúan abusos sexuales, como los golpes que le está propinando en el momento de la grabación a su esposa, para convencer a su hija de que regrese. El momento es de una intensidad notable. La deformación de la realidad (el mensaje sonoro embotellado) no difumina la abyección y, sobre todo, recuerda una vez más que la novela habla de nuestro mundo, pese a la mascarada surreal. Pero, como ocurre muchas otras veces en el libro, la cacofonía irrumpe precisamente a causa del uso de nombres fantásticos. El padre le dice a su hija que vuelva a casa, que en Nowhere Town tienen “la Universidad de las Buenas Esposas y pronto traerán la carrera de Secretarias Decentes”. El propio topónimo que da título a la novela, junto con otras muchas opciones nominales imprime a la ficción un tono a medio camino entre Lewis Carroll y la novela juvenil, que desvirtúa un proyecto sin duda interesante por su heterodoxia.

No hay comentarios so far
Leave a comment



Deje un comentario
Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>

(requerido)

(requerido)