LA PESTE EN PERÚ

LA PESTE EN PERÚ

 

            Algo huele a podrido en el municipio de Puno. O para ser menos dramáticos: las orillas del Titicaca, en Puno, huelen a mierda. O para ser menos directos: mientras no se concreten las obras de remodelación y limpieza del litoral puneño, el turismo y los nativos deben atravesar varios metros de putrefacción hasta llegar a las aguas azules y navegables del Lago Titicaca. Aunque cambie la formulación retórica, el hedor persiste. Sobrevive a las interpretaciones de los oriundos de Uros y a las sobreactuaciones de los presuntos místicos y chamanes del Valle Sagrado. Me acompaña por Arequipa y Cuzco y los más de mil kilómetros –nocturnos en su mayoría– del autocar que me conduce hasta Lima. La contaminación se confunde con la climatología en ese cielo unificador de espacio (la megápolis entera) y de tiempo (mañana igual a tarde, o viceversa). Espejo del desierto en que la ciudad se inscribe. Gris sobre gris (y viceversa).

            El viaje me permite darle la vuelta. A la peste, me refiero. En los paseos de Miraflores me encuentro, en cada esquina, cabinas de Telefónica. Mobiliario urbano en peligro de extinción con su estampado logotipo en franca expansión. Y sucursales del BBVA en San Isidro. El primer banco de la Región Eurolatinoamericana, según su página web. Y publicidad con Fernando Alonso, Penélope Cruz, Rafael Nadal, Gerard o Antonio Banderas en el centro histórico. Star system global con acento español. Y canciones de Amaral o de David Bisbal en los cybercafés y las salas de espera. La SGAE en América Latina: eficacia probada. Sin embargo, la literatura española no se lee en Lima, en Perú, al sur de Tijuana. Bogotá 40 fue un encuentro americano donde la literatura brasileña ocupó el lugar de la española. Escasean las antologías iberoamericanas pero se multiplican exponencialmente las latinoamericanas. De hecho, Iberoamérica es un espacio empresarial, publicitario, quizá deportivo o dramático, incluso musical, pero no literario.

            Siempre la lengua fue compañera del Imperio, escribió Nebrija en el prólogo a su gramática, en pleno y dramático 1492. Pero el nuevo imperialismo descuida la lengua, es decir, el discurso, lo literario. El nuevo imperialismo se sostiene en números, imágenes, música pop; no en palabras. Así, en Lima, en Perú, desde Tijuana hasta Ushuaia, se cultiva un imaginario escrito que se opone al de la metrópolis. Y las editoriales de esta contribuyen a la resistencia, porque sacan beneficio de ella. Algo huele a podrido en el reino de España, ese país clase media o nuevo rico, y putrefacto, como los personajes dibujados –colectivamente– por los surrealistas. Supongo que alguien cuyas entrañas estén podridas confunde el hedor del entorno con el suyo propio. Una nueva acepción del célebre viaje interior: el viaje intestinal. Una radiografía de los intestinos, por cierto, se parece en su abstracción a un escáner cerebral.

3 comentarios so far
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Hay un dibujo de Francesco Clemente que es un reflejo -casi exacto- de la imagen cerebro-intestinos que comentas al final. Una mezcla entre magma volcánico saliendo por un orificio, tejido cerebral atravesando una fractura, o una futura peste sin remite conocido.

No te canses mucho.

Lo más triste de Españña -como dice, más o menos, el Apocalipsis- es la tibieza.
Con la gestión, con la producción, con la distribución de la cultura, todo es tibio, desganado, todo está a medio hacer: hay que evitar los compromisos mediante una pantalla de semicompromiso que deje satisfecho al Mediano en nombre de todos los demás. El Mediano, representante en las Cortes, presidente de la corporación, director del suplemento y portavoz general. ¡Viva el Mediano! Lema eterno: Hagamos un poquito y así nos defendemos de todos.

Y con la literatura de Latinoamérica, tres cuartos de lo mismo: vamos a distribuir y a divulgar algunos libros para que no se queje el Mediano, pero no demasiados, no sea que se queje el Mediano.

Así que se agradece que alguien no sea tibio.

(Por cierto, la librería ha tardado más de un mes, pero ya tengo “La intemperie” de G. Massuh; los que no me consiguen, de momento, son “La conspiración…” de Colautti y “La piel de la Boca”. Paciencia hay que tener…)

Este texto salió en la revista “Caretas”, de Perú, creo, hace unas semanas.
“La piel de La Boca” se distribuye en España la semana que viene.
Saludos.



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