LECTURAS DE VERANO (VIII)
FORMAS DEL HUMOR
Armando Luigi Castañeda
Guía de Barcelona para sociópatas
Universidad Veracruzana
Veracruz, 2007.
276 págs.
Página 146: “una novela es una obra de ficción, donde las cosas que pasan intentan parecer reales, porque ese es el chiste, porque una novela que parece una novela es una mierda, por eso de la verdad de las mentiras y la verosimilitud, etc.”. En esas palabras del narrador están las virtudes y los problemas de Guía de Barcelona para sociópatas, el último título de Armando Luigi Castañeda (1970), quien –junto a Rodrigo Blanco y Slavko Zupcic– es de los jóvenes escritores venezolanos con más presencia en estos momentos.
La principal virtud es la iconoclastia. Cada capítulo, a modo de falsa guía, se corresponde con algunos supuestos atractivos turísticos catalanes. El contraste se establece entre estos y la cotidianeidad de los “sudacas”, entre los “viejos y autómatas” nativos y los oriundos de “Sudacalandia”. Es decir, mediante el humor negro y la hipérbole, el autor construye una parodia sobre el conflicto entre un estudiante latinoamericano y la realidad catalana con la que tiene que pactar. El resultado es desternillante por momentos, cuando no kafkiana o ballardianamente inquietante (por ejemplo cuando habla de los contenedores de ancianos muertos que el ayuntamiento ha instalado por las calles, como consecuencia de la conversión de la ciudad en un museo geriátrico).
La alusión a Vargas Llosa (“la verdad de las mentiras y la verosimilitud, etc.) remite también a esa iconoclastia. El humor se basa en una sistemática actitud de derribo: desde lo políticamente correcto hasta las formas tradicionales de la ficción. En ese camino, precisamente, aparecen problemas creados por la propia novela. El primero (“el chiste”) es causado por el hartazgo que empiezan a producir la autoficción y la metanarrativa que se asumen irreflexivamente. Pero el problema más importante (la afirmación: “es una mierda”), está no sólo en el tono, sino en el estilo. Como el argentino Fabián Casas, el español Robert Juan-Cantavella o el mexicano Antonio Ortuño, Armando Luigi Castañeda cultiva el humor, algo no demasiado habitual en la literatura iberoamericana. Pero a diferencia de ellos, su conciencia estilística, su trabajo con el idioma y con la literariedad, no se hace patente. Plantea el mismo problema que el barcelonés Hernán Migoya: cuando el desenfado afecta tanto al tema como a la retórica, el juicio de la calidad literaria queda en suspenso.
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“Pero a diferencia de ellos, su conciencia estilística, su trabajo con el idioma y con la literariedad, no se hace patente.”
Eo, Jorge, ¿qué significa esa frase? No la entiendo.
“Plantea el mismo problema que el barcelonés Hernán Migoya: cuando el desenfado afecta tanto al tema como a la retórica, el juicio de la calidad literaria queda en suspenso.”
Esta tampoco tengo claro el haberla entendido. Dices que en el libro de Armando Luigi la calidad literaria queda en suspenso, mi pregunta es, ¿por qué? Queda en suspenso porque te abstienes de emitir un juicio final sobre eso o por la novela “suspende” en ese asunto.
Si es lo último me voy a volver a leer la novela porque igual me he equivocado y me leído otro libro…
Saludos
Luis Fernández Zaurín
By Luis Fernández Zaurín on 12.19.08 22:13
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