3153 KMS (VI)

La diferencia (Derrida). El campo intelectual (Bourdieu). Fuera de campo. Espectralidad lacaniana. En la ciudad psicoanalítica todo discurso suena a teoría. Hasta los taxistas (sobre todo los taxistas) teorizan. Esta mañana, sin ir más lejos, un señor trajeado y circunspecto, que ocupaba el primer asiento del autobús, disertaba, discutía, intercambiaba opiniones sobre política (peronismo) con el conductor. Entre las nociones que barajaban: “espacio público”, “esfera política”, “maniobra de distracción”, “cortina de humo”, “nuclear”, “diversificar”, “subdivisión”, “fordismo”. Qué sudor. Marcelo Cohen dijo el otro día que los españoles (sic) no tenemos inconsciente. Esta ciudad es demasiado autoconsciente (y sub- y sobre- y super-). Por eso, ahora que me voy hacia el Norte, voy a ensayar un ejercicio de constatación. Sin teoría. Sin divagar. Qué cambió en La Boca. Una lista. De mutaciones. Nada más que eso. Qué hay ahora que antes no. Contenedores de basura (no en vano, Macri, que era Presidente de Boca Júniors, es ahora el “alcalde” gracias en parte al apabullante apoyo del barrio). Una estatua de Borges (tamaño natural) en un café (la magia del turismo: si hay alguien ajeno a este paisaje es Borges). Un nuevo bebé en el conventillo (Valentino me ha ignorado -lo propio de la edad-, sin ser consciente de que para mí su hermano Bautista, que no aparece en el libro porque no existía en 2005, es idéntico a lo que era, significaba él a mis ojos). Dos perros fantasmas (robaron a Sol, Velázquez se esfumó, vagabundo sin dama). Un nuevo mito: Coppola ha filmado su última película en el barrio y eso ha impreso una pátina, ha dejado algunas fotos (una en el conventillo, otra en la parrilla que hay al lado del teatro), algo parecido a un rastro. La crónica acaba de publicarse y ya es pretérito, registro. Foto pixelada, pronto en blanco y negro. Esta tarde he visto en casa de Graciela el documental de Lucrecia Martel sobre Silvina Ocampo. Lo más impresionante son los planos de la casa vacía con su voz, susurrando, onírica, de ultratumba, sobreimpresa. Voz de fantasma sobre imágenes en blanco y negro. Ambigüedad vital, sexual, literaria, en la casa que compartía con Bioy (y con Borges). Ocampo, Ocampo, Ocampo. O campo.

3 comentarios so far
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Lo crean o no este es el humor de Jordi Carrión. Algun día escribiré artículos sobre él o algo.

Jordi, me gusta que te haya impresionado el film de Lucrecia Martel sobre Silvina.
En efecto, los travellings por los pasillos vacíos con la voz temblorosa que lee sus propios textos como si le dolieran…
Y el rescate de los home-movies c. 1930. Un gran film, sobre todo porque pone en valor los vínculos afectivos de Silvina con la gente de servicio, en quienes siempre encontró más riqueza e interés humano que en la de su propio ambiente.

También me impresionó el contraste entre el Bioy de “Boulevards del crepúsculo” y el de ese documental…
Las home-movies es otro tema: no me gustaría que dentro de 50 años se usen las filmaciones de amigos, en fiestas nocturnas, para ilustrarme…
Gracias por estar ahí, E.



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