DE ABCD
EL ENSAYISTA ESCINDIDO
Joan Ramon Resina
La vocació de modernitat de Barcelona. Auge i declivi d’una imatge urbana
Traducción de Alexandre Gombau
Galaxia Gutenberg
Barcelona, 2008.
29.90 euros.
Hasta la página 174, este ensayo del profesor de la Universidad de Stanford Joan Ramon Resina (Barcelona, 1956) me ha provocado cierto entusiasmo. A alguien interesado en la teoría urbana en general y en el análisis de la literatura sobre ciudades en particular, la aparición de un libro dedicado al examen de la imagen literaria de la Barcelona de los dos últimos siglos le provoca automáticamente una actitud entusiasta. Y receptiva. Sobre todo si ese alguien es catalán y prácticamente barcelonés, como es mi caso.
La receptividad se mantiene en los primeros capítulos. “La ciutat burgesa” trata de cómo Narcís Oller (que “estrenó Barcelona como sujeto literario”) textualizó en sus novelas los flujos económicos de la metrópolis y su transformación; en contrapunto con la mirada foránea de Edmondo de Amicis y con el pensamiento urbanístico de Ildefons Cerdà. Con la instauración del tren, la propia urbe se pone en movimiento y sus planificadores proyectan una “topología de la velocidad”, en el marco de una configuración de la imagen metropolitana como híbrido entre “espectáculo y negocios, estética y pragmática”. El capítulo siguiente, “La ciutat imaginada”, se centra en el noucentisme de Eugeni D’Ors, quien soñó con la ciudad como obra de arte total, pero desertó de la cultura catalana en 1920. Esa década enfoca el tercer capítulo, desde la mirada de Jean Genet y otros escritores extranjeros que trabajaron el orientalismo y la abyección entre los límites del Barrio Chino. Con el siguiente capítulo llegamos a la página 174: se trata de “Una estada amb els morts”, una brillante interpretación de La plaça del diamant, la obra maestra de Mercè Rodoreda, que Resina –siguiendo a Lacan– ve como una obra que renuncia de antemano a la visión totalizadora, profundizando en la intimidad maternal de la microhistoria, para abordar oblicuamente la violencia y la represión franquistas. Cuando la escribió, la autora estaba exiliada en Ginebra, de modo que el catalán deviene en la novela un legado protegido de la destrucción dictatorial: los problemas de expresión de su narradora son los de toda una comunidad lingüística diezmada y amenazada.
En la página 171 Resina deja claro qué entiende él por nación (una especie de evolución del parentesco) y qué por Estado (“que se forma y existe por medio de la violencia”). Es precisamente su subjetividad nacionalista la que se apodera del resto del volumen, donde el rigor deja paso a la opinión. De Juan Marsé –sobre cuya obra habla en el capítulo siguiente– selecciona El amante bilingüe (1990); en el posterior, analizará La ciudad de los prodigios (1986), de Eduardo Mendoza, de modo que rompe el orden cronológico que ha caracterizado la obra. De hecho, lo hace dentro del propio capítulo sobre Marsé, porque –forzadamente– pasa de una novela menor dentro del corpus de ese autor a Arcadi Espada y al Foro Babel, que sienten “aversión” por “la lengua ancestral de su comunidad”. Esas digresiones rebajan la calidad de dos interpretaciones de conjunto que son sin duda interesantes: la obra de Marsé como un puzzle ambiguo y amnésico de fragmentos urbanos que rehuyen el sistema, donde se entrecruzan significados locales sujetos a perpetua reinscripción; la de Mendoza como una construcción irónica firmada por alguien con más vocación de anticuario que de historiador, que ha eludido durante décadas el agujero negro de la guerra civil.
En el capítulo final, el protagonismo recae en Bohigas y Maragall, cuyas ideas son criticadas en un tono similar al del último ensayo de Manuel Delgado (La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del modelo Barcelona, Libros de la catarata, 2008). La literatura desaparece. Como si, en verdad, la intención de Resina no fuera hablar de la representación literaria de la ciudad catalana, sino expresar sus opiniones sobre cómo ésta ha errado en su camino hacia la modernidad. Las preguntas se disparan: ¿Política o literatura? ¿Por qué un libro que quiere analizar “la imagen urbana” utiliza textos como material primario en vez de imágenes? ¿Por qué un libro que presumiblemente se va a publicar en España parece estar sólo destinado a un público anglosajón? La respuesta quizá esté en el capítulo sobre Marsé, titulado “La ciudad dividida y el yo dividido”. Como Marés, el protagonista de El amante…, el sujeto de enunciación de La vocació… parece también dividido. Entre dos ciudades, entre dos lenguas: su residencia está en un lugar imposible que produce distorsión.
No hay comentarios so far
Leave a comment
Deje un comentario
Saltos de línea y párrafo automáticos, la dirección de e-mail no se mostrará, HTML permitido:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>