DE ABCD
LA TEORÍA DIVULGADA
Núria Perpinyà
Las criptas de la crítica. Veinte interpretaciones de la Odisea
Gredos
Madrid, 2007.
255 págs.
La ironía y el desenfado caracterizan el nuevo libro de la novelista y profesora de Teoría de la Literatura Núria Perpinyà. Ese tono es de agradecer, sin duda, si se tiene en cuenta que el objetivo de Las criptas de la crítica. Veinte interpretaciones de la Odisea es repasar modelos de crítica literaria, desde la biográfica hasta la cultural posmoderna, pasando por la psicológica, la marxista, la filológica, la formalista o la feminista, hasta un total de veinte. Cada uno de los capítulos es iluminado a posteriori por un texto supuestamente inspirado en el paradigma de esa escuela o tendencia, que aborda la Odisea. Es decir, el libro es –en rigor– dos libros: uno de divulgación y otro de creación, una introducción a la historia de la crítica literaria y una colección de ejercicios casi oulipescos a partir del clásico homérico. En ese sentido, se inscribe en su personal poética transversal, que ha dado obras de la calidad del ensayo Gabriel Ferrater: recepció i contradicció (1997) o de la excelente novela Una casa per compondre (2001). Como en esta, Perpinyà baraja en su último libro referencias de toda índole, para tejer una red de links entre literatura, arquitectura, música y otras disciplinas y artes. No en vano uno de los mejores capítulos del libro es precisamente el dedicado a la posmodernidad.
Semejante ambición, condensada en poco más de doscientas páginas, lleva a la principal virtud y al máximo defecto de la obra. La primera es su legibilidad. Perpinyà ha escrito una obra que permitirá el acceso a la teoría literaria de cualquier lector sin formación académica específica en filología o literatura comparada. El defecto –si es tal– se desprende precisamente de la virtud. Estriba en el grado de reducción. En el epílogo se dice que “la filosofía de este libro es el perspectivismo”, que supuestamente comenzó “con los griegos cuando cada autor dio su versión de los mitos”, se congeló durante siglos y no reapareció hasta el siglo XX; se obvia, por tanto, el desarrollo de tal corriente filosófica en el último cuarto del siglo XIX y su trabajo por parte de Ortega y Gasset. Cuando Perpinyà esgrima los ejemplos de Durrell y Queneau como escritores perspectivistas entenderemos que se refiere a una suerte de “multiperspectivismo” acuñado por ella. En otras palabras, con tal de comunicar a un lector medio se ha elidido parte del desarrollo conceptual que un término precisaba.
En busca de un lector
El problema de Las criptas de la crítica es el de toda obra de divulgación: ¿A qué lector se dirige? ¿Qué sabe ese lector acerca de teoría literaria y de historia de la literatura? ¿Dónde sitúas, en fin, el listón? Me ha recordado, en parte, a El arte de la ficción, de David Lodge, donde también existe una voluntad de llegar a todos los públicos (potencialmente interesados, en ese caso en la escritura y en la lectura) y donde también se ilustra cada tema con un texto de creación, aunque en ese caso no sea escrito ex profeso, sino que se trate de un pasaje de un clásico. Ambas son obras donde el profesional de la literatura refresca la memoria mientras que el estudiante o el lector descubre enfoques y anota títulos.
Personalmente, la lectura del último título de Perpinyà me ha conducido al rescate de dos libros de mi biblioteca. Por un lado, la Historia de la crítica literaria (Ariel, 2002), de David Viñas, recorrido sistemático y académico por las corrientes y escuelas de la hermenéutica textual. Por el otro lado, La sombra de Ulises. Imágenes de un mito en la literatura occidental (Península, 2001) de Piero Boitani, que analiza las representaciones de Odiseo, prototipo del viajero y por tanto del ser humano, desde la obra en que nació hasta Primo Levi, Kafka o Eliot; y que se complementa, por cierto, con el reciente Ulises y la Odisea. El pensamiento iridiscente (Galaxia Gutenberg, 2008), de Pietro Citati. Hay que decir que ni Viñas ni Perpinyà tienen en cuenta la filología crítica de Jean Bollack, cuya opera magna, Poesía contra poesía. Paul Celan y la literatura (Trotta, 2005) debe ser leída como una teoría de la lectura y no sólo como un acercamiento a la poesía celaniana. En Las criptas de la crítica tampoco aparecen ni Jameson ni Boitani. Al cabo, cada cual –yo, obviamente, también– tiene su propio itinerario como lector, sus propias preferencias, su propia biblioteca. En esa multiperspectiva radica, en fin, esto que ambiguamente resumimos como literatura.
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