CAMILO JOSÉ CELA, EMBAJADOR DE FRANCISCO FRANCO
Gustavo Guerrero
Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela
Anagrama
Barcelona, 2008.
296 págs.
En lo que va de siglo, el protagonismo de la difusión de la literatura venezolana en España lo han compartido las editoriales Candaya y Pre-textos. La primera ha publicado las novelas Mariana y los comanches, de Ednodio Quintero, y Lluvia, de Victoria de Stefano, además de la poesía completa de José Barroeta, de modo que ha dado a conocer a tres de los más importantes escritores de Venezuela. Pre-textos, por su parte, ha reivindicado a Eugenio Montejo y a Rafael Cadenas. En este 2008 parece que el protagonista va a ser una persona y no una editorial, Gustavo Guerrero, profesor de la Universidad Jules Verne de Amiens y asesor de la editorial Gallimard, porque acaban de aparecer, simultáneamente, Conversación con la intemperie (Galaxia Gutenberg), una antología de poesía venezolana cuyo único demérito es la limitación a seis autores, e Historia de un encargo, un ensayo importante tanto para la recolocación de Camilo José Cela en el lugar que merece en el canon de la literatura española como, sobre todo, para la reflexión sobre las relaciones políticas y literarias entre España y América Latina, en el marco del franquismo y en el contexto general de la contemporaneidad.
En libro se divide en tres partes (“Viajar”, “Escribir”, “Leer”). La primera y la última constituyen sendos ejercicios de investigación histórica, que consiguen reconstruir unos hechos que hasta ahora habían permanecido en la bruma: el sospechoso tour latinoamericano que llevó a cabo Cela a principios de los años cincuenta y que le condujo a la Venezuela del dictador Marcos Pérez Jiménez, donde le fue encargado –por una altísima suma– un libro sobre el país. El resultado fue una novela titulada La catira, reseñada aquí con entusiasmo por Masoliver y Castellet, pero que se leyó en el país en que se inspiraba como un insulto, con su exotismo express y su artificiosa construcción de un supuesto idioma venezolano que los propios usuarios no supieron reconocer. La polémica fue tan virulenta que, en pleno viaje de promoción y cobro, Cela se regresó a España, para no regresar jamás.
Escrita con la urgencia del plazo de entrega y con las servidumbres que implica tener un cliente, La catira no es sólo uno de los peores títulos de Cela, también pone sobre el tapete una retahíla de preguntas que Guerrero aborda metódicamente en la segunda parte de su libro, la más propiamente ensayística. Por un lado, tenemos las cuestiones políticas: el encargo literario se sitúa en la interacción entre dos políticas dictatoriales, la del Nuevo Ideal Nacional del pérez-jimenismo y la de la Hispanidad del gobierno franquista. Entre otros objetivos, la primera se marcaba el de incentivar la inmigración española para “mejorar la raza”; la segunda, amalgamaba espíritu misionero, geopolítica e imperialismo a la hora de enfrentarse a su aislamiento internacional. Por el otro lado, están las inquisiciones meramente literarias. Tras un exhaustivo análisis –incluso genético– de la obra, Guerrero concluye que su fracaso conduce a la destrucción de “la ilusión de estar en presencia de una voz autóctona y pone al descubierto el número de ventriloquia del autor gallego”. Más papista que el Papa, Cela quiso superar a Doña Bárbara, del antiguo presidente Rómulo Gallegos, y situarse él mismo en la tradición de la literatura nacional venezolana. De tal mascarada surgió una obra que defiende la necesidad del caudillismo. Pipía Sánchez, “la catira”, como Doña Rosa, como la voz narrativa tan característica de los textos de Cela, defiende el autoritarismo y sus atributos característicos.
La catira (Premio de la Crítica) es estricta contemporánea de Pedro Páramo. Como recuerda Guerrero, Cela dijo de Borges que era “un producto híbrido y sin demasiado interés”. Si en una ampliación del espectro de lo meramente peninsular a la producción española en la diáspora, la obra de Cela pierde relevancia, si se tiene en cuenta el total de la literatura en nuestra lengua, el eclipse es inevitable. Por no hablar de los precedentes: ya hay consenso acerca de que Tirano Banderas es infinitamente superior a La catira, pero todavía no se ha dicho que los relatos de viaje por España de Gutiérrez Solana también son muy superiores a Viaje a la Alcarria y sus epígonos. Entre los múltiples efectos de Historia de un encargo, por cierto, estaría la reconsideración sobre por qué Cela nunca abandonó con su narrativa de viajes los límites españoles. Seguramente, para no reincidir en el ridículo.
[Publicado en ABCD]
19 comentarios so far
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Querido Jordi, acerca de El viaje a La Alcarria, existe un título creo que inexcusable de hace un par de años, El Pasajero de Montauban (josé María Ridao: y lamento ahora no saber si la grafía del pueblo es exaxta) en el que analiza algunos de los diarios de viajes de hace años y algunas crónicas (Sender, Cela, Goytisolo) donde da la medida exacta de Cela(es su opinión, digo) como viajero de aquella época. En el fondo, estoy de acuerdo contigo y Cela (escritor a veces brillante para algunos) fue un “personaje” que subsumió al “narrador”, al “creador”. Es uno de esos casos en los que resulta difícil separar a uno de otro (como Umbral, por ejemplo). Y, aunque en efecto haya ocasiones en los que Cela puede resultar un buen narrador, accidentes oscuros, connivencias miserables y hambre de poder, fama y dinero, trastocan su figura. Bueno, no sé por qué me meto en tu blog para opinar al respecto pero como en múltiples ocasiones discutí de ello con mi amigo Manolo Vilas (que sí admira a Cela o parte de su obra) él ve al escritor y a mí, en medio, se me interpone su sombra siniestra. Acaso yo no sea ecuánime pero es que ni en las relecturas puedo con Don Camilo. Un abrazo.
By jose maria perez alvarez on 06.15.08 14:05
Conozco el libro de Ridao, que me parece uno de los libros de viajes españoles más importantes de los últimos años. Efectivamente, en su viaje a la Alcarria, Ridao pone en la picota la narrativa de viajes de Cela, con su amable representación del poder (los guardias civiles y los curas), con su desprecio por los “tontos del pueblo”, con su agria ironía, con su soberbia sistemática hacia el otro. Aspectos que, claro está, tienen que ver con su persona y que se traducen a su obra, porque un escritor no puede desdoblarse, un escritor es una persona que escribe, y en la obra (la escritura) se refleja el carácter, las virtudes, las miserias, la personalidad (el estilo) del escritor. Sobre todo en la no ficción (aunque Cela nunca respetara el límite e inventara a placer en sus supuestos “libros de viajes”).
Eso no quita, obviamente, que no escribiera novelas excelentes. Pero incluso en ellas es interesante descubrir su tendencia al autoritarismo, su ambigüedad: su naturaleza de escritor problemático.
La vida y la obra no son separables, porque la obra es parte de la vida, no se puede escribir fuera de ella. Eso no significa, por descontado, que no haya casos brillantes e interesantes de desdoblamiento, de distancia, de extranjería casi dentro del propio yo; pero en todos ellos se puede rastrear la autoría y, por tanto, la persona(lidad).
(Por favor, si alguien va a continuar con este debate incipiente, que no me traiga a colación a Céline como argumento de autoridad, a no ser que piense desarrollarlo, diseccionarlo, trabajarlo, para decir algo que realmente constituya una aportación).
By jordicarrion on 06.15.08 16:55
Touché. Rien de Céline. Por ejemplo, la mirada de Cela en todas (creo que todas) sus novelas acerca de las mujeres es un puro escalofrío. En estos debates siempre entran el nombre del francés y de otros. Sólo quería hacer hincapié en el libro de viajes de Cela. A mil años de distancia (kilométrica y temporal) de los libros de viajes de otros autores (entre los españoles, por ejemplo, Juan Goytisolo). Descartado Céine, no añado nada más a este asunto. Un saludo.
By jose maria perez alvarez on 06.15.08 20:50
Perdón por lo de Céline, pero es que estoy cansado de que se le invoque como si al decir su nombre se acabara cualquier atisbo de debate. Era un gran escritor, pero también era un escritor sumamente peligroso. Como peligrosos lo fueron el Maestro Eckart o Jung.
Efectivamente: Goytisolo es el reverso de Cela; por eso en mi artículo acabo con la incapacidad de Cela para hablar de otra realidad que no fuera la España franquista. Para Goytisolo Almería fue el calentamiento para una carrera de largo recorrido por todo el norte africano, con libros de viaje memorables como “Crónicas sarracenas” y ejercicios de faction tan destacables como “Aproximaciones a Gaudí en Capadoccia”. Cela, en cambio, nunca salió literariamente de España en su narrativa de viajes, escribió un puñado de libros en que hizo creer que seguía lo postulados de Américo Castro cuando en verdad los violentaba, hizo su discurso de ingreso en la RAE sobre el carácter plástico de la prosa de Gutiérrez Solana con el secreto objetivo de neutralizarlo como escritor de viajes, siguió dando carta de naturaleza, en fin, a la retórica noventayochista sobre España, pero en un clima de censura que nunca combatió (al revés, fue censor, colaborador, embajador franquista).
Obviamente escribió novelas de carácter experimental muy buenas, que deben ser leídas y analizadas; pero eso no puede eclipsar lo demás. Como “Viaje al final de la noche”, una obra maestra, una novela imprescindible, una exploración radical de la miserable naturaleza humana, un prodigio verbal, no debe eclipsar los letales textos antisemitas que escribió el mismo autor. Porque la literatura también mata.
Bienvenido, José María, a este blog. Ojalá te animes a comentar todo aquello que creas oportuno; para mí es un honor saberte al otro lado de la pantalla.
By jordicarrion on 06.15.08 21:31
¿Qué quieres decir cuando defines a Jung como “escritor peligroso”, Jordi?
By vicente luis mora on 06.16.08 1:19
Jung declaró en 1934 que el inconsciente ario era superior que el judío. No es casual que los conceptos de algunos pensadores del siglo XIX y de principios del XX fueran asimilados por el nazismo: en algunos casos eran afines, o proto-nazionalsocialistas. La indagación en el cristianismo ario, en la alquimia o en la parapsicología conducen a la parte más problemática de su pensamiento, y de su obra. Está claro que eso no la invalida, pero sí la hace cuestionable.
Como Heidegger o como Carl Schmitt, son autores que deben ser examinados con lupa. En el caso español, además de todos los franquistas (Pemán, D’Ors, etc.), se me ocurren Ortega y Gasset y Juan Eduardo Cirlot como otros autores que, al igual que Cela, deben ser analizados con distancia crítica, especialmente en algunos aspectos de su ideología (desde el concepto de masa hasta la fascinación por la violencia de las espadas).
By jordicarrion on 06.16.08 10:59
Hola. Como dices, “son autores que deben ser examinados con lupa (…)como otros autores que, al igual que Cela, deben ser analizados con distancia crítica”. Ok, no hablaremos tampoco de Artaud. Sin embargo, es la capacidad enorme para la fascinación a-crítica lo que sigue siendo también fascinante como objeto de estudio. El orientalismo no surgió de la nada, como ya nos advirtió Said.
De regreso a Cela y sus viajes, que es el asunto de la entrada, sin duda prefiero sus novelas, que contienen ideas para cogerlas con pinzas, pero en fin, son inseparables, para bien o para mal. Sus libros de viajes no me convencen, y siempre me ha quedado la sensación de no haber avanzado nada al acabarlos. No sabría decirte lo de la intención neutralizadora para con Gutiérrez Solana y su obra, por otro lado. Pero me interesa ese apunte por lo que expresa de construcción constante de un discurso oficial a través de la ficción -las palabras matan, como el Golem-, un camino impositivo, que intenta sin conseguir ocultar la realidad. Lo que me gusta de los libros de Goytisolo es descubrir algo más mientras se recorre con sus palabras el trayecto.
Te sigo leyendo por aquí. Una curiosidad, ¿tienes algún plan para re-editar GR-83? Gracias y hasta otra.
By carlos maiques on 06.16.08 16:36
Coincidimos bastante.
Goytisolo es sin duda más interesante y -como Cervantes- más “humano”, en el sentido más positivo y crítico del término.
GR-83 se queda como está. En parte porque una sexta parte del libro, aproximadamente, está en catalán, y no creo que sea conveniente traducirla. Se encuentra en varias bibliotecas y es, por tanto, accesible. Con eso tengo suficiente, al menos de momento.
By jordicarrion on 06.16.08 20:45
Ya buscaré su disponibilidad, GR-acias. Seguimos leyendo. Un saludo y hasta otra.
By carlos maiques on 06.16.08 20:52
Jordi, confieso que aunque sé de ti, no leí nada tuyo. Lo poco que sé es por los blogs (Vicente Luis Mora, Manolo Vilas) o por conversaciones con ambos. Dime un par de títulos, por favor. Ya sé que este tipo de entradas puede parecer ofensivo (espero que no) o inculto (eso me da igual). Pero esta ciudad es muy muy pequeña y la mayoría de los libros que me interesan tengo que buscarlos fuera de Ourense porque aquí ni los traen las librerías. Cítame un par de títulos para buscarlos. Gracias y disculpa este asalto que parece de cabrero aunque quién sabe si los cabreros no estarán más enterados que yo de literatura. Muchas gracias. ¿El de Australia está en Berenice?
By jose maria perez alvarez on 06.17.08 20:39
Míralo de otro modo: sin Internet no se hubiera generado ese interés.
Este año he publicado Australia. Un viaje (Berenice), en el que he trabajado unos cinco años y del que estoy bastante satisfecho. Es una crónica de viaje y una investigación sobre la emigración española a Oceanía. Hace dos años publiqué La brújula (Berenice también), que es más heterogéneo, crónicas literarias sobre América y ensayo literario sobre Bolaño, Bellow y otros; todo siempre con el viaje de soslayo.
Un abrazo desde Mataró, rodeado de montañas donde ya casi nadie saca sus cabras y ovejas…
By jordicarrion on 06.17.08 21:01
En el peligro de Heidegger han caído muchos (a alguno lo hemos sufrido en las aulas).
Llevaba mucho tiempo, demasiado, sin pasar por aquí.
un beso
By Carmen Carrión on 06.18.08 20:41
En la universidad española se pasa de puntillas por los problemas ideológicos de los grandes pensadores y escritores.
Precisamente creo que aprendí de verdad a leer después de la licenciatura, en paralelo al doctorado, cuando entendí que la escritura es, siempre, también política; de modo que un texto es siempre una intervención histórica y una declaración de intenciones.
La lectura de Jean Bollack, de Eduardo Subirats, de Enzo Traverso, de W.G. Sebald, de Rastier, de Celan, de Juan Goytisolo… permite darse cuenta de que siempre se impone la necesidad de la crítica. Una crítica que, obviamente, también debe ser aplicada a esos mismos hermeneutas y creadores; y, al cabo, a uno mismo.
Vicente: si lees esto, por favor, dime por qué me preguntabas acerca de la peligrosidad de Jung…
By jordicarrion on 06.18.08 22:57
Vamos a ver, Jordi. No voy a defender a Jung, sólo por un motivo, y es que Jung se defiende solo. Si se le ha perdonado a su casi homónimo Jünger no sólo ser afiliado al partido nazi (lo que Jung no fue nunca) e incluso tomar las armas con el ejército alemán, creo que a Jung podremos perdonarle un ínfimo y puntual desliz sobre un tema -la política- sobre el que nunca estuvo demasiado interesado… Y por cierto que el inconsciente judío actual debe muchas cosas a las investigaciones de Jung.
De todas formas, este tipo de cosas os preocupan a quienes no distinguís entre obra y vida. Yo intento en lo posible superar ese recelo, porque coincide que el 85% por ciento de escritores que he conocido o son realmente “peligrosos” en sus opiniones políticas, o son unos narcisistas insoportables, o unos prepotentes perdonavidas, o son unos hijos de la gran puta (me incluyo en este último grupo). Y alguien de mi entorno me dice que es que a lo mejor no conozco demasiado bien al otro 15%…
Lo que quiero decir es que no hay santos, Jordi; que las personas se pueden equivocar y rectificar después (como han hecho desde Laín a Günter Grass), que la historia de la literatura y el pensamiento es, como expliqué en uno de los ensayos finales de “Nova”, una continua relación entre la tiranía y el pensamiento, y que absolutamente nadie en la historia de la humanidad ha hecho más por conocer y comprender al hombre, por ahondar en todas las dimensiones de lo humano, por esclarecer sus demonios interiores e intentar ayudarnos a combatirlos, ni tuvo en su vida privada y pública una actitud más pacifista, humana y comprensiva que Carl Gustav Jung. Y que ojalá un día yo llegara a ser, personal e intelectualmente, tan peligroso como él. Ojalá, en serio.
By vicente luis mora on 06.18.08 23:47
Entiendo tu punto de vista; pero no lo comparto.
Para empezar ni los autores que me interesan ni yo mismo le hemos “perdonado” a Jünger nada. Tampoco creo que entre las funciones de la crítica (que son las de la literatura) estén la de perdonar. Repito lo que he dicho más arriba a propósito de otros autores: Jünger es muy interesante, fascinante incluso, y debe ser analizado en toda su complejidad. Precisamente esa opción de “perdón” lleva a menudo a dejar al margen temas centrales.
La peligrosidad es siempre más relevante en el ámbito de lo escrito que en el de lo dicho o pensado. El paisaje alemán como alma de él en la poesía de Hölderlin; los castillos, la idea de aristocracia de Rilke; la gran cantidad de sociólogos, antropólogos, politólogos, “oscuros investigadores” (Sebald dixit) como Jung, que prepararon (textualmente) el nazismo; el lugar que le da a lo humano Heidegger, su autismo en el bosque, su no-rectificación (textual); todo eso forma parte del gran contexto que preparó (textual, inconscientemente) el nazismo y sus consecuencias. No fue responsable de él, sin duda; pero sí fue responsable de la generación de un marco intelectual favorable.
En el caso español, toda la literatura de viajes de la generación del 98, con su nacionalismo castellano, con su “alma” y su “paisaje”; la ambigua filosofía de Ortega y Gasset; el pacto de silencio y el “exilio interior” de los que se quedaron; D’Ors, Panero, el primer Ridruejo; Cela y tantos otros permitieron (textualmente) el marco del franquismo, del nacional-catolicismo, del retroceso violento y brutal.
No se trata de no perdonar; se trata de insistir, de recordar. A este paso, los problemas de Jung, Jünger, Céline, Heidegger, Ridruejo o Cela van a ser tan “perdonados” que dentro de cien años no tendrán importancia. Y eso sí sería un error. Porque sus errores tuvieron consecuencias, y estas no deben ser olvidadas.
By jordicarrion on 06.19.08 9:48
Hola. Llego un poco tarde para hablar de errores y sus consecuencias. Aún así, creo que la fascinación que ejercen las figuras productoras de textos, y sus realidades potenciales, una vez leídos, es sin duda extraña y contiene elementos muy diferentes entre sí. La fascinación no oculta el peligro, hay ejemplos de sobra. En uno de sus diarios, Livingstone hablaba de la rara deformación sensorial del tiempo y el miedo ante un león en la sabana.
Uno de los atractivos de la obra de Jung (cuyo trabajo, como el de Junger, me interesa), es que es precisamente, está lleno de sugerencias. Es (casi, según para quién, etc.) fascinante. Hay quien dice que el de Jung es un mundo lisonjero, que nos gusta identificarnos con los arquetipos, porque amplían la vida propia sin justificarla. Ahora no tengo tiempo pero intentaré regresar más tarde.
Lo del 15% NS/NC
Un saludo.
By carlos maiques on 06.20.08 16:15
En efecto, Jordi, nunca vamos a estar de acuerdo. Sólo recuerda el antiguo adagio, muy anterior al cristianismo: con la dureza que juzgas, serás juzgado.
By vicente luis mora on 06.20.08 17:27
Y aquel otro de los pensamientos en imagenes
george: g e o r g e
Your multilingual business friend
Has packed her bags and fled
Leaving only ash-filled ashtrays
And the lipsticked unmade bed
The mirror on reflection
Has climbed back upon the wall
For the floor she found descended
And the ceiling was too tall
Your trouser cuffs are dirty
And your shoes are laced up wrong
Youd better take off your homburg
cos your overcoat is too long
The town clock in the market square
Stands waiting for the hour
When its hands they both turn backwards
And on meeting will devour
Both themselves and also any fool
Who dares to tell the time
And the sun and moon will shatter
And the signposts cease to sign
By wilco on 06.20.08 22:04
Es una crítica sobre parte de la trayectoria de Cela. Habla de una de sus peores obras como “la catira”, defiende el autoritarismo.Escribe Ridao libro de viajes españoles,novelas de carácter experimental como viaje al final de la noche.
By encarnación on 07.22.08 12:18
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