AFTERPOST

se acaba de publicar una reseña extensa de Australia, y su autor, Miguel Espigado, me invita a que la discutamos. Así que seguimos, durante el puente, hablando en “comentarios”:

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Leída. Francamente buena. Una crítica a la altura del libro. Comparto todo menos, quizá, lo de que se asemeja en ciertos momentos al América de Baudrillard. Así, de buenas a primeras, no lo veo muy claro. Tendré que pensarlo.
Un abrazo

Ante todo, gracias al escritor por aceptar tan amablemente el ofrecimiento. En algún lugar he leído que has dicho que tu próximo libro será de ficción, “pues la memoria duele”. Australia trata de cosas muy reales. Me pregunto cómo se relacionaron realidad y literatura, ficción y verdad, en la cocina del libro.

Gracias, Jorge, por aceptar amablemente la invitación. Se ha generalizado cierta reivindicación de la “literatura del yo”, o la no ficción, como característica o punto de partida de una posible renovación de la narrativa actual. ¿Cuál ha sido tu compromiso con la realidad, la verdad, o la memoria en Australia?

Vayamos por puntos.
Tu crítica me parece muy inteligente y muy reflexionada. De “América” sí que quizá hay una cierta experiencia del desierto como borrado de civilización. Cada vez me acuerdo más de los incendios de Australia, esos incendios que no tiene sentido apagar, porque queman sobre quemado, sobre tierra inculta y sin valor. De algún modo, quizá, Australia es el fracaso de Occidente: aniquilación de aborígenes, marginación eterna de ellos, un rincón apartado del globo que nació como colonia penal y que ahora juega un rol extrañísimo en la geopolítica global, una suerte de Gibraltar a 20 horas en avión de Inglaterra… Pero bueno, ese no es el tema. No era mi intención emular a Baudrillard, cuya narrativa y sobre todo cuya filosofía no siento cercanas. Pero sí que he leído “América” con mucho interés, de modo que sí que es posible que haya algún eco. O mejor: una posición a la contra.
Una posición, por cierto, a la contra también de la tradición de la narrativa de viajes española en particular, y de la narrativa de viajes internacional comercial en general.
Dicho esto, vayamos a los dos aspectos de tu reseña de los que discrepo. Por un lado el de la literariedad. No veo en la búsqueda de la ausencia de la reflexión y de la sentimentalidad personales que llevo a cabo en la parte central del libro, escrita en segunda persona, un estilo no literario; creo que el libro es absolutamente literario, que el estilo nunca es neutro, que la selección léxica, las elipsis, las metáforas, los campos semánticos y sobre todo el trabajo con esferas simbólicas (el azúcar, la ostra, etc.) son totalmente literarios. Conscientemente. Para mí la no ficción es alta literatura, como la poesía o la novela de calidad, de modo que el trabajo con el lenguaje debe ser igual de exigente.
El segundo aspecto de tu reseña que no comparto tiene que ver con el “Epílego”. Fíjate que dices “epílogo” y no lo es. Si la introducción se llama “Pro-logo”, recuperando la etimología de la palabra, la parte final se llama “epílego” porque persigue, mediante meandros, digresiones, ordenación de datos, confesiones, etc., la apropiación personal de las historias complementarias, equilibradas (dos historias de amistad, dos costas del continente, dos siglos de emigrantes, etc.)que se han ido desplegando. Aunque, efectivamente, como bien ves, no haya una voluntad de cerrar el libro. Porque el libro, la experiencia, no está cerrada; nunca lo estará; aunque quisiera. Es como una herida que nunca cicatriza; o que, aunque cicatrice, es visible, y con las estaciones se irrita, se escama…
Para acabar tus preguntas sobre la verdad y la ficción. Mi rechazo del relativismo posmoderno y de su entronización del simulacro hace que en Australia. Un viaje no haya ficción. Hasta donde eso es posible. La única máscara son los nombres de los personajes. Todo lo demás está todo lo cerca de la verdad, de los hechos, como puede estarlo el lenguaje.
Un abrazo.
J.

Disculpad la intromisión, sólo decir que no creo que el estilo en segunda persona conlleve impersonalidad y no literariedad, más bien lo contrario.

Si en Australia se subraya la idea del movimiento y del conocimiento –no cerrado, como señala Jorge en el post de arriba- suppongo que no hay artíficio literario más acertado que lo de utilizar el “tú”, en una perspectiva “ferlosiana” de descentación del yo para intentar alcazar la verdadera significación de las cosas, en un movimento centrífugo. Por eso no ha de extrañar la dignidad que todo, hasta el más mínimo ser animal o vegetal, adquiere en las detalladas descripciones y digresiones que hay en el libro.

Si no se pone la atención en lo ajeno, ¿para qué sirve viajar? Si toda la literatura de viaje fuera así, sin duda alguna la leería más…

En fin, que junto a una no manipulación cognoscitiva de los hechos reflejada en una fragmentación del orden narrativo, más literatura de así no alcanzo imáginarla…

¡Pido perdón por mi itañol!

Un saludo

Sin duda esa búsqueda de literariedad objetiva es uno de los argumentos más poderosos del libro. Actualmente Cataluña vive un interesante proceso de revisión de sus políticas identitarias y lingüísticas. ¿Puede significar algo “Australia,un viaje” para ese contexto?

Querido y desconocido Miguel: esto está pareciéndose a una entrevista. El tema que señalas en tu reseña de mi tensión nominal (Jordi y Jorge) lo traté en “Búsquedas” (incluido en “Mutantes”). Creo que en ese proyecto, un work-in-progress sobre cómo Google puede tratar el viaje y la identidad, interviene más directamente en el debate eterno sobre la identidad (?) catalana. Supongo, por otro lado, que toda mi obra va a tratar ese tema de un modo u otro.
He escrito en catalán en el diario AVUI durante más de cinco años, en Cultura, en Libros, y sin embargo no han mencionado, que yo sepa, ninguno de los dos libros que acabo de citar.
Laura: tus español made in Italia es perfecto.
Miguel: una pregunta a mi vez: ¿qué quieres decir con literariedad objetiva?

Hola Jorge:

En torno a Australia escribí un correo a la dirección que sale en tu web. No sé si te llegó. Ahora ya he leído el libro y te puedo decir que me ha resultado muy interesante. Hay pasajes tremendos. Los he leído casi seguidos, al final. La brújula y este viaje.

La reseña me ha recordado el viaje de los padres de mis amigos, sus historias, y cómo existe una reinvención consciente como posibilidad. Uno de los padres, al llegar, por ejemplo,cambió de nombre enseguida, él dice que para facilitar su adaptación, mi amiga porque no le gustaba el anterior -como si cortara un hilo-. Ocurrió algunos años después de la emigración de la caña de azúcar, pero las historias no se cierran del todo nunca, como dices. Disculpas por la interrupción, y felicidades por el libro.

PS: En el correo te preguntaba sobre tu tesina acerca de Rodrigo Rey Rosa, y de si había una publicación, universitaria o no, en la que apareciese. O un enlace al mismo vía internet. Muchas gracias y hasta pronto.

Sobre la literariedad objetiva; parto de lo dicho en mi reseña, siguiendo a Paul de Man, quien se pregunta retóricamente si puede existir una autobiografía en verso. Lo cierto es que existe una tensión entre la capacidad estética del lenguaje y la capacidad para representar la verdad, o decir la realidad a través lenguaje. Tal es así que los textos más técnicos son extremadamente áridos. Pese a ello, Lejeune constata que los mejores relatos de vida han sido escrito por los escritores, frente a la legión de textos etnológicos o antropológicos, donde la búsqueda de la objetividad aborta la posibilidad estética. Australia, en mi opinión, consigue un buen equilibrio en esa tensión entre la exigencia de literariedad y la exigencia de objetividad, consiguiendo entrar a formar parte en ese grupo de obras que son veraces además de artísticas.

Ser un desconocido es un handicap para casi todo, desde luego. Sí tengo que decir que me soprende la tensión de este breve coloquio, pues en Afterpost no hacemos críticas valorativas sino teóricas, y siempre reseñamos obras en las que creemos, y las apoyamos como podemos: trabajando, intentando darle un poco de vidilla a la literatura que nos gusta, que al fin y al cabo no se trata de nada más que eso. Un saludo y gracias por todo.

Me parece muy curioso que tanto Jordi como Miguel hablen de “realidad” como lo opuesto a “ficción” en Australia. Un viaje, y que incluso se hable de esa realidad o su intento de retratarla, como algo positivo contra la “relatividad posmoderna”. Yo pienso que el mayor acierto de Australia, precisamente, lo haya querido o no su autor (¿hasta qué punto su lectura es más acertada que la de sus lectores?), es que un supuesto libro de viaje ha transmutado en una novela. O por decirlo de otro modo: desde mi punto de vista Australia es una novela vestida de libro de viaje. No sólo por los personajes (que son personajes, no personas), no sólo por el hecho del viaje y de los desplazamientos, sino también por el tratamiento narrativo de la acción. Para mí no es sólo un tratamiento literario de un viaje, es que es una novela en la que uno de sus temas es el viaje. Sin embargo, no es el tema más importante. El tema principal, según mi punto de vista, es la búsqueda de interlocutor. Por eso hablo de novela (creación literaria). Australia, en ese sentido, es una obra que busca su interlocutor. De ahí el uso de la segunda persona del singular (que me recuerda, salvando las distancias, ese “tú” de la película Europa, de Von Trier; o el “nosotros” de Las vírgenes suicidas, de Eugenides). No sólo es un recurso ideal para involucrar al lector, sino que expresa además el anhelo del que crea: encontrar a aquel que escuche lo que tiene que decir; esa constatación, como diría Zizek, es necesaria para confirmar la existencia en sí de la propia obra. Por eso tampoco me extraña que Jordi entienda este libro suyo como el (verdadero) inicio de su obra; o bien que su obra da un giro radical a partir de aquí. Porque la búsqueda del interlocutor es la búsqueda también de la propia voz, y la voz de Jordi (al menos en este libro) es la del escritor, no la del viajero o la del cronista de viajes. Y es que Australia tiene más de Samuel Beckett que de Chatwin: el libro funciona por sustracción, más que por adición; como si se pretendiese con ello eliminar las interferencias para poder hablar y oír con claridad. De ahí que, tal vez al contrario que Miguel o que Jordi, piense que en este libro, esta novela de incógnito, lleva inscrita la verdad de la ficción pura; no está de más recordar que la novela, por eso la temían tanto los griegos, trata siempre sobre el alma humana.

Miguel: Sin tensión no hay vida; me alegra muchísimo, sentimental e intelectualmente, que tu texto exista, y que haya debate (en este blog que es más de lectura que de conversación). La cultura sin debate no es cultura, es folclore.
Dicho esto, el problema para mí es De Man, que no me parece un autor demasiado interesante. Los ejercicios de narración en verso de carácter autobiográfico que han firmado autores como Walcott o Sebald demuestran que todo es posible, que no hay límites “genéricos” a la expresión de la experiencia personal. El documental cinematográfico en primera persona o sobre el propio autor demuestra eso; lo mismo ocurre con el cómic autobiográfico; etc.
Carlos: No recibí tu email; cada vez hay más gente con familia en Australia que está leyendo el libro, de modo que estamos recuperando no sólo la memoria de allí, sino también la de aquí sobre la otra punta del mundo. Tus comentarios sobre el libro y sobre “La brújula” son más que bienvenidos. Por otro lado, mi tesina doctoral sobre Rey Rosa fue un trabajo de juventud, que no pienso hacer público; mi tesis doctoral sobre el viaje posmoderno (Sebald y Juan Goytisolo) saldrá en Iberoamericana a finales de año.
Juan: muy agudo tu comentario. Mucho. Tengo varios “peros”. El primero es que ímplicitamente sitúas la novela en el top 1 de la literatura; el libro de viajes no es inferior, siempre y cuando se escriba con la misma conciencia que la gran literatura. “La España Negra” de Gutiérrez Solana no es inferior a “La Colmena” de Cela. Por otro lado, yo sí creo que el escritor es el mejor lector de sí mismo, pero ya sabes que mi filólogo favorito (y enemigo de De Man) es Jean Bollack.
Los ejemplos que invocas, además, remiten a algo de lo que no se habla demasiado: la posibilidad de hablar de los sentimientos en la literatura de nuestro momento histórico (sea afterpop o no) sin caer en la cursilería ni “sonar” anacrónica. Se puede decir que el proyecto Nocilla de Agustín, las novelas de Lolita Bosch o tu novela “El fin de la guerra fría” son sentimentales, elaboran el tema de la nostalgia, o de la corazonada, o de la fidelidad, o del clima espiritual de una época, sin ruborizarse. En cambio, “España” de Manuel Vilas o “Eldorado”, de Robert Juan Cantavella (que publicará Mondadori en septiembre) juegan en el terreno contrario, el de la abyección, la distancia, la ironía… No sé qué opinas. O qué opinan los aludidos. O los que estén leyendo esto.

He seguido pensando:
Entre los que elaboran de un modo u otro la esfera de la sentimentalidad también estarían Irene Zoe Alameda, Vicente Luis Mora, Gabi Martínez, Ricardo Menéndez Salmón o Elvira Navarro. Entre los que parecen haberla proscrito de su narrativa, al menos sin tres filtros de ironía, están Eloy Fernández Porta, Javier Calvo, Juan Francisco Ferré, Javier Fernández o Isaac Rosa.
¿Los que se sitúan en el paradigma “afterpop” que ha definido Eloy?
Ahora me doy cuenta de que algo parecido defendí en mi artículo “Investigación más desarrollo” de La Vanguardia…

Jordi, no pretendía colocar la novela en el top 1; pero bueno, supongo que tampoco estaría en desacuerdo con eso. Me encantan los libros de viajes, pero lo que yo digo es que, a medida que iba leyendo Australia, más me iba pareciendo que era otra cosa. Al final no pude dejar de pensar que, en realidad, la había leído como una novela. No una novela con trama, por eso he citado a Beckett (que muy dado a lo sentimental no era, precisamente) y no a cualquier otro, porque en tanto que novela es, en buena medida, árida; árida por el paisaje y la búsqueda, no porque resulte difícil transitarla (para mí fue justo lo contrario), y árida porque ciertas cuestiones sólo pueden plantearse en un lugar desértico; tal vez cabría citar a McCarthy, Bolaño o incluso a Gus Van Sant. Y respecto a lo sentimental en relación a las listas o bandos que elaboras, yo creo que la oposición se reduce a la relación entre la luz y la oscuridad: la oscuridad es ausencia de luz, y hay que hacer un gran esfuerzo para que un espacio, del tipo que sea, quede completamente a oscuras. Puede que haya gente a la que no le guste el sol, pero el esfuerzo por evitarlo (que no hacerlo desaparecer) es sin duda titánico y, llegado algún que otro caso, completamente inútil o estéril.

En efecto, soy un sentimental, por eso me interesa tanto Paul de Man, seguramente porque está muerto, el pobre. Respecto al tratamiento de lo sentimental literario, creo que no se puede sintetizar tan compartimentadamente; en algunos libros también yo me he acercado a un tratamiento frío y distanciado de lo afectivo, y no sería difícil encontrar en los primeros poemarios de Vilas poemas próximos a una cierta sentimentalidad. Tampoco creo que eso sea, como elemento literario, demasiado relevante. De hecho, creo que jamás abordo ese aspecto en mis críticas, que yo recuerde. Creo que es más una visión personal del autor, hiposociológica (traduzco: que ni siquiera tiene interés como elemento sociológico del libro); sólo cuando, como en Houellebecq, el desmontaje del constructo occidental sobre el amor romántico es un elemento capital de la trama, suscita mi atención. Abrazos, quiero decir saludos, no vayan a considerame sentimentaloide.

Ah bueno, ya te lo reenvío. Si me lo permites, AUNQUE ese sea un trabajo de juventud, me encantaría leer la tesina. Por Lo que has dicho, será imposible convencerte de lo contrario, pero aún así me gustaría saber más de tus trabajos o lecturas sobre RRR, juveniles o no, qué más da -es posible, a un tiempo, que ya no te agraden sus libros, una razón de peso-

Tu viaje. Es curioso porque Australia es un lugar muy importante para mí, no sólo por las amistades. El hogar del lobo marsupial, de la historia que cuenta cómo el murciélago perdió su nariz, Emily Kngwarreye, Rosalie Gascoigne, tantas cosas…

Sobre viajes o estancias actuales y pretéritas, creo que no es casual que Coetzee se encuentre viviendeo -últimas noticias de que dispongo, al menos- en Australia. La sensación de espacio, por la que un personaje (Arkady?) en The Songlines se lamentaba que un territorio tan vasto no hubiera sido ocupado antes por una potencia diferente a la británica, con la mentalidad de cottage y jardín trasero que deploraba, y que, a la postre, marcó el devenir de las relaciones del país.

Australia, de la que apenas si conozco el área de Queensland digamos decentemente, es un amasijo bien extraño -y enorme- de contradicciones. Pero por eso mismo es increíble la velocidad de los cambios, hacia ¿otra clase de incendios? De todas maneras, es un lugar al que volver. Nada que ver con Heartbreak High, aunque también vemos de todo por ahí.

De la tesina…, da lo mismo, en realidad. Pero si no te importa, sí que me gustaría saber cómo te llegó a interesar RRR. Mi madre es guatemalteca y tener Centroamérica en otro pozo de la memoria me hizo ver un buen montón de coincidencias entre los dos países. Por eso escribí el correo inicialmente. Y ya te dejo, que me he pasado con tu tiempo. Gracias y hasta otra.

Siempre acabas hablando de “La guerra de las galaxias”.
Estaba pensando que quizá el cineasta español que más me interesa es Iñaki Lacuesta. Su obra, precisamente, es documental, sentimental, técnicamente perfecta, muy atenta a las nuevas tecnologías, muy literaria. Estos son los elementos que intenté barajar en Australia. Tardé cinco años en conseguir un artefacto que funciona. Qué más da si es una novela de no ficción o un libro de viajes o un ensayo en movimiento.
Durante años he odiado, por otro lado, tomar el sol. Me recuerdo en Baja California leyendo “Bajo el volcán” bajo una sombrilla de esparto, o en Australia leyendo “Austerlitz” en la tienda de campaña mientras esperaba que bajara el sol. Ahora, en cambio, me gusta el sol. Estaré envejeciendo.

Juan: lo de la guerra galáctica iba dirigido a ti.
Vicente: recuerda que la “nueva sentimentalidad” fue un tema de discusión crítica muy recurrente, tanto en la poesía de la experiencia como en el contexto de la recepción de “Soldados de Salamina”, por ejemplo. Te recomiendo a este respecto “Help a él”, de Fogwill, donde Borges es dinamitado precisamente a través de amor, mucho amor, es decir, sexo, mucho sexo. Con “sentimentalidad” me refiero al tratamiento de lo personal, de lo íntimo, de la identidad en clave emocional…
Carlos: Rey Rosa me interesó porque en 1998 pasé dos meses en Guatemala y me traje sus novelas, alguna de ellas no publicadas aún aquí; es un autor interesante, que me gusta por su extraterritorialidad y por su contraespacialidad (en mis propios términos: cuestionamiento de su país de origen); pero creo que está en decadencia desde hace años, sus últimos libros me han parecido muy malos, creo que no volveré a leerlo.

Sigo dándole vueltas a la luz solar y a la oscuridad lunar y a la sentimentalidad. El problema es grave e interesante: consiste en ver qué obra apuesta por lo humano y qué obra apuesta por los post-humano, qué obra es humanista y qué obra es relativista, qué obra confía en el conocimiento y qué obra niega su posibilidad, quién cree en la verdad y quién no. Y lo más interesante es que eso no puede tratarse en términos generales, ni en grupos (aunque no tengamos más remedio que hablar de “tendencias”), ni en generalizaciones; sólo el análisis de cada obra y de cada autor puede llevar a algún tipo de conclusión.
Supongo que por eso llevo toda la tarde dándole vueltas a este asunto y acabo de releer la reseña de Miguel Espigado… Y por eso este blog acaba de batir su récord de comentarios de un post (un post que está en otro blog, así es internet).

Bueno, por alusiones: en efecto considero que mi literatura aborda lo sentimental (sin que ello se confunda con sentimentaloide). Básicamente, Jorge, estoy de acuerdo contigo en esa clasificación, dejando aparte miles de matices, claro.
Por lo demás, creo que Australia está hecha desde una sentimenalidad fría, cosa que celebro. Creo que era el mismo Nietzsche quien decía que hay que escribir con “pasión fría”, si no, canta. Sigo diciendo también que deberías seguir investigando la trayectoria abierta por tu obra GR.

Creo también que la crítica de Espigado es excelente, como dije, y que el argumento de De Man traido aquí me parece muy inteligente. De hecho está generando un debate, por algo será.

Por último: Miguel, me pareció que te sentías atacado por los comentarios de Jorge; no te sientas atacado ni nada, es que sabes que las cosas escritas, y más en la red, no dan bien el calibre y el tono de lo que la gente quiere a veces decir. Afterpost es una página buenísima.

Es una pena porque me ocurre lo mismo con el último Rey Rosa. ¿Una entrevista o una autobiografía, es posible que nos dijeran más, ahora, que su ficción, ya que hablamos de zonas liminares? No lo sé, pero sí que ya no me apetece leerlo como antes.

Y tienes razón, un artefacto tiene que funcionar -cinco años, cuánta reescritura imagino-, incluso si se quiere hacer pasar por algo distinto (una ruina de nueva planta, un informe futuro) ha de poder mover sus engranajes.

Sobre algunos comentarios sobre sentimentalidad versus no sentimentalidad: muchas veces lo veo como un problema con la continuidad. En Diario de lecturas, sin ir más lejos(pero pasa y cómo, en casi todas los blogs), la “sentimentalidad” se desata al hablar de música o imágenes, en comparación con otros posts. Casi desaparece la objetividad, la calma. Pero ninguna creo están impostadas. Diría que se trata más bien de conectar filtros de sensibilidad (temporal) a un área que difiere en tamaño en cada persona, lo que la hace ezpresarse de otro modo. Ahora sí, hasta otra.

Lo del lado oscuro ha estado muy divertido de leer,(reverso tenebroso siempre me ha gustado más, eso sí) Un saludo.

Sólo una curiosidad: ¿por qué acojona tanto hablar de sentimentalidad en relación a escritura o creación en general? Que le califiquen a uno con esa palabra parece ofender más que el hecho de que le mienten a uno a la madre. Y también me resulta curioso el esfuerzo por trazar una línea muy clara entre sentimental y sentimentaloide. ¿Pero cómo trazar esa línea con garantías? ¿Dónde acaba una cosa y empieza la otra? No pretendo reivindicar nada (¡faltaría más, no soy un sentimentaloide del carajo!), pero noto que a la gente (en particular a la gente que se dedica, en mayor o menor medida, a lo creativo) se le pone el vello de punta al sacar ese tema. Casi puede apreciarse cómo más de uno saca pecho y se sienta más tieso en la silla frente al ordenador. ¿Realmente, y lo pregunto con una más que posible candidez, qué es lo que preocupa tanto de esa cuestión, que lo confundan a uno con Corín Tellado o con un posible espectador de culebrones venezolanos? ¿Es una cuestión de prejuicio o responde a alguna otra clase de temor?
Atentamente, un post-ero melancólico.

Escribo esto unas cuantas horas más tarde que Juan Trejo, no va aclarar nada si se habla de sentimientos, pero tal vez sobre revisarlos antes de sacarlos a pasear. Miedo, temor? Es probable, la duda es signo aparente de vulnerabilidad. A partir de ahí, el culebrón o el folletín castizo acechan nuestros pensamientos. Tal vez.

La línea de la que se habla es bien difusa, y escritores poco sospechosos de sentimentalidad dejaràn su opinión al respecto. Como personas inteligentes que son, sus afectos producirán efectos, irrebatibles o no. Pero siempre bien elaborados. ¿A quién basta? Esa es la parte del asunto que creo importa, cuánto tiempo es necesario explicar para entender que nada se explica(cuestión no baladí) a solas.

Entiendo perfectamente a lo que Jorge se refiere cuando habla de sentimentalidad; sus ejemplos son bastante explícitos. No obstante, para el caso que nos ocupa, a mí me da que se trata de un concepto tendencioso, vago, y que puede conducir fácilmente a equívocos a quienes no hayan abordado a los autores anteriormente citados, lo cual es lo más preocupante de todo. De Mora, por ejemplo, he leído ocho de sus títulos publicados (a veces creo que he releído a Mora más que el propio Mora, cosa que obviamente me ruboriza) y jamás he tenido impresión alguna de estar enfrentándome a un autor “sentimental”. Digamos que por lo que a mí respecta, preferiría decir de su obra que es HUMANA (no sé si con esto doy respuesta —y aquí, damas y caballeros, es cuando me lamento por meterme en el embrollo de discutir con auténticos titanes de la crítica y la teoría. [Glup.]— a la pregunta de Juan: no es que acojone hablar de “sentimentalidad”; es que hay otros conceptos más agudos); profundamente humana y comprometida con lo que se suda a pie de calle, si cabe. Su obra en marcha Circular y Nova son ejemplares a este respecto. Más aún, decir de él que es un autor sentimental me suena a decir que los relatos de Caras B, por ejemplo, de E. F. Porta —que también celebro, por cierto— son FRÍOS (precisamente ayer, en una biblioteca, escuchaba a una septuagenaria decir de no sé qué novela de aventuras inglesa que era así: fría). No sé si me explico.

En cualquier caso, un abrazo, tíos.

Hay que ver, con la de gilipolleces que tendría yo que desempeñar hoy para nuestro querido sistema universitario, y sin embargo aquí me veis: absorbido por lo que es o deja de serlo un texto sentimental —enhorabuena pues, Jorge, por sacar a colación el debate—.

Bien, pongámonos serios; veamos:

En primer lugar, discrepo de la siguiente aseveración: «Se puede decir que el proyecto Nocilla de Agustín, las novelas de Lolita Bosch o tu novela “El fin de la guerra fría” son sentimentales, elaboran el tema de la nostalgia, o de la corazonada, o de la fidelidad, o del clima espiritual de una época, sin ruborizarse.» Como dice Agustín, hay unos cuantos matices de por medio puesto que Nocilla es solo PARCIALMENTE sentimental, lo cual creo que es bastante obvio para los aquí presentes, ¿verdad que sí? Del mismo modo, y aunque desconozco si la distinción que establece Jorge es aplicable también al género poético, creo que ‘Carne de píxel’ o ‘Cortes publicitarios’ o ‘Resurrección’, por citar solo tres [tampoco es que pudiera citar muchos más: soy un un espantoso lector de poesía], ponen en evidencia lo que es o no un texto sentimental. ¿De qué depende, entonces?, me pregunto; ¿del registro con que se declame o no el texto? Y más allá: ¿Son los poemas más “científicos” de Carne de Píxel sentimentales? ¿Quién si no el lector determina la cantidad de ironía y nostalgia que contiene un texto? Digo esto último porque a mí me conmueven hasta el estremecimiento, y sin ninguna pizca de ironía, versos de Vilas como los que siguen:

“Volví a Harlem, porque creo en los negros,”

O también:

“y eso me hace feliz, ayuda a toda esa gente, / dales limosna, sé Lenin, sé Cristo, / sé algo más que un hijo de puta.”

¿No es precisamente la frivolidad el sentimiento abanderado de los tiempos modernos? Y de nuevo: ¿quién decide si el célebre eslogan de Fruitopía, seguramente tomado por más de uno como máxima expresión del sistema publicitario, que rezaba aquello de «exprime tu mundo» es un detonante del sistema nervioso simpático, una artera ironía del capitalismo, o un producto creativo vacío sin lugar a dudas?, ¿eh? Llamad a Iker Jiménez, porque yo esta sh*t no la veo nada clara, muchachos, y de paso, llamemos a este comentario “Escuela de Costanza Reloaded” (de lo poco que aprendí en mi asignatura “Crítica literaria”).

Abrazos para todos.

Hola Jorge. Quizá no me conozcas, me llamo Fruela Fernández, soy escritor y traductor (hace poco reseñaste una obra que traduje: “Lugares” de M.L. Kaschnitz). Estoy haciendo mi tesis doctoral sobre crítica literaria y quería -si te animas- pasarte un breve cuestionario. Si quieres ponerte en contacto conmigo, mi dirección de email es: fruelafernandez@acett.org
Gracias

En mi anterior entrada insistía en el rechazo a la terminología per se. Rechazo, principalmente, a los términos, como si ellos implicasen algo terrible; un tabú, en definitiva (así lo creo yo). Sin embargo, estamos expuestos y consumimos a todas horas productos que, o bien prometen o bien conllevan, una evidente sentimentalidad. En la música (el pop es 100 % sentimental, y cuanto más se remonta uno en el tiempo más se nota: la sentimentalidad queda duplicada por la nostalgia del tiempo en que uno oía originalmente esa música; incluso Sex Pistols puede tener hoy en día un toque sentimental), en la publicidad (¿qué otra cosa es ese “¿te gusta conducir?” o el anuncio de Cocacola “Mi generación”, por citar dos). El problema, tal como lo veo yo es de visibilidad, como la cuestión de las drogas para el gobierno: si no se ve ni se admite públicamente, está tolerado. Ibrahim dijo: hay cosas más importantes. Por supuesto que sí. Simplemente expresaba una duda ante un boquete crítico y un rechazo sistemático (a los términos) que resulta de lo más llamativo entre gente que se esfuerza por evitar las etiquetas.

Es que resulta de lo más llamativo. Estoy muy de acuerdo con Juan Trejo en el asunto de la visibilidad. Me interesa lo que dice sobre la duplicación de intensidades, el influjo del tiempo en la apreciación de las sensaciones. Escapar de los vínculos con cualquier aspecto “sentimental”, por asociación con algo rechazable, ñoño,etc. -y ahí que cada uno elija lo que quiera, es la causa para mí de ese boquete que cita-

Mike Kelley dice en una entrevista “the point is not to be bland”, pero hay tantos modos de no serlo, (por fortuna) como lecturas posibles.

Volviendo a Australia, me gusta mucho el estilo que has conseguido.

Volviendo a Australia. Jordi-Jorge Carrión (persona) volviendo a Australia - imagino no sólo físicamente durante aquel tiempo indicado en su libro - desarrollando más conocimiento de sí mismo.

Tarea infinita.

Todavía no lo he leído, tengo ganas. Me acercará un poco a Jordi pero, sospecho, me acercará más a mí mismo. Aunque sea como modelo para realizar mi propio acercamiento.

Fruela: enhorabuena por tu traducción de “Lugares”, un libro terriblemente sentimental. Mi e-mail es jordicarrion@jorgecarrion.com
A los demás: supongo que la clave en la elipsis, como siempre. En mi crónica “El sexo en Bolivia” intenté suprimir la elipsis y trabajar con la pornografía vinculada con la literatura de viajes; en “Australia”, en cambio, la elipsis llega cada vez que podría haber erotismo, pero eso no quiere decir que no haya una asunción de la importancia del tragicorazón en la aprehensión intelectual del legado familiar; o que el paisaje, incluso desértico, no impresione o emocione. Sin ironía. O con una ironía que es distancia y análisis, pero no coraza ni desarticulación sistemática…

El autobombo me da tirria.

Jimena

[enviado por e-mail para ser posteado]

Querida Jimena: el autobombo es otra cosa, créeme. Este blog lleva mi nombre, es normal que en él se hable sobre mi obra. No obstante, ahora mismo cuelgo una nota sobre Joseph Roth…

[…] 28, 2008 · No Comments Este puente compartimos con Jorge Carrión algunas ideas sobre Australia, un viaje: blog de JorgeCarrión […]

Autobombo.
Es su bombo, no hay duda.



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