DE ABCD
FUNDACIÓN MÍTICA DE COSTAGUANA
Juan Gabriel Vásquez, Los amantes de Todos los Santos. Alfaguara. Madrid, 2008. 214 págs.
Después del éxito de crítica y público que han supuesto las novelas Los informantes (2004) y, sobre todo, Historia secreta de Costaguana (2007), aparecen ahora tres libros de Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973). El volumen de cuentos Los amantes de Todos los Santos, que se publicó en Colombia en 2001 y se reedita con dos ficciones añadidas; la antología Al filo de la navaja (UNAM, México, 2007), que reúne una decena de relatos de escritores colombianos; y la biografía Joseph Conrad. El hombre de ninguna parte (Belacqua, 2007), que resume en cien páginas la vida del autor homenajeado y problematizado a propósito de Costaguana. Sin embargo, la bibliografía de Vásquez no comienza en 2001, el año en que se instaló en Barcelona: publicó dos novelas antes en Colombia, Persona (1997) y Alina suplicante (1999).
Si es justo que un libro de relatos posmodernos o afterpop sea reseñado mediante el rastreo sistemático de los vanguardistas y hasta barrocos que ya utilizaron recursos parecidos, yo debería centrar esta reseña en la demostración de cómo Vásquez realiza versiones de estrategias tradicionales del cuento moderno (y del posmoderno con disfraz de clásico): Chéjov, Joyce, Hemingway, Borges, García Márquez, Carver, Piglia. Afortunadamente para el lector sistemático, considero que el arte de la crítica debe ofrecerle algo más que una reducción del espectro. De modo que intentaré analizar aquí un posible hilo conductor de estos relatos, porque me parece más interesante para entender el proyecto de Vásquez. Me refiero al tema de la liquidación; vinculada con la noción de espacio.
El libro comienza con “El regreso”, un texto que habla de la imposibilidad del regreso a la patria a partir de la metáfora de una finca. Y termina con “La vida en la isla de Grimsey”, una ficción que trata de una mudanza, un cambio de país, sin retorno. Entre ambos relatos hay otros cinco que, de un modo u otro, hablan de cómo –igual que en Bellow– los seres humanos imaginamos un ancla al espacio. Las figuras espaciales de esta exploración son la casa prestada, el café, el hotel; sus figuras humanas, el invitado, el usurpador, el amante ocasional, el impostor, el huérfano. La simbología que permite desarrollar con éxito esa temática es, quizá, doble: por un lado, la esfera del tránsito; por el otro, la del cuerpo. Ambas interseccionan magistralmente en momentos vinculados con la caza y con la cirugía. Como en Los Soprano, los animales son casi tan elocuentes como las personas. Cazar, pescar, matar, abrir en canal, curar: actuar contra o sobre el cuerpo animal o humano significa, en muchos casos, hacerlo sobre el alma de los protagonistas.
Los cuentos están ambientados en Bélgica y en Francia; por eso en mi reseña de Historia secreta… me lamentaba de que, después de Los informantes, una novela sobre la historia de Colombia escrita desde parámetros norteamericanos y europeos, Vásquez optara en su siguiente novela por estrategias que quieren reactualizar el legado del Boom. La reedición de estos cuentos activa esa pregunta. Indican la posibilidad de una literatura internacional: sin embargo, el autor, después de ellos y de su ambientación física y moral europea, regresó literariamente a Colombia. La cuestión nacional, palpitante, regresó a su obra. Como si este libro sólo fuera un paréntesis y no una declaración de intenciones. En el prólogo a Al filo de la navaja, Vásquez descubre un cierto vínculo generacional en la extraterritorialidad: todos los cuentos que antologa han sido escritos “desde fuera” de Colombia. El lazo con el título –y con la intención– de su biografía de Conrad es evidente. En ese mismo prólogo, Vásquez afirma que para él un libro de cuentos no admite una lectura desordenada. De modo que, efectivamente, el final de “La vida en la isla de Grimsey”, que sigue siendo el final del libro pese a que a éste se le hayan añadido dos cuentos que no estaban en 2001, debe leerse como el prólogo a Los informantes y a la obra posterior. En él se enfatiza sobremanera la liquidación. El traslado a Barcelona es llamado “deserción privada”; el pasado queda atrás en forma de cadáver de mujer; y leemos: “Uno era una camaleón, los países y la gente meros decorados”. No es casual que la primera novela de Vásquez se titulara Persona. Tampoco lo es que, como en la obra de otros expatriados barceloneses (Enard, Littell), la mudanza se relacione con la herida.
5 comentarios so far
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Buena crítica. Me gusta la opción que utilizas (búsqueda de vínculos entre distintos textos). Posiblemente sea la manera más completa de analizar un libro de relatos. Saludos.
By Recaredo Veredas on 04.28.08 15:38
Ah, me ha encantado el artículo sobre Heroes.
By Alvy Singer on 04.29.08 13:47
Alvy: ¿Ya está Quimera distribuida?
Recaredo: Por alguna extraña razón, mimética y absurda, los críticos se dedican a resumir los cuentos de los libros de cuentos. Hay que buscar ejes transversales. Es lo que intento cada sábado.
By jordicarrion on 04.29.08 14:23
Si. Ha quedado muy bonita, la verdad.
By Alvy Singer on 04.29.08 21:47
¿¿Bonita??
By Jordi C. on 04.30.08 12:16
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