PUBLICADO EN ABCD
La noche gira en el Hemisferio Sur
Libros Por Julio José Ordovás.
19 de abril de 2008 - número: 846
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Jorge Carrión mencionaba «el relato de un periplo que hice persiguiendo el rastro de la emigración española a Australia» en lo que era el texto que hacía las veces de prólogo al puñado de crónicas viajeras y de píldoras entre ensayísticas y narrativas que recogió bajo el título de La brújula (Berenice, 2006). Allí exponía, unas líneas más adelante, sus coordenadas literarias: «En literatura, la personalidad es el estilo. Y la identidad, la amalgama de temas, obsesiones y textualidades que uno va ensartando en su escritura. Y la pasión: el riesgo que uno asume al escribir». Fiel a estas tres coordenadas -personalidad/identidad/pasión -es Australia. Un viaje, el relato de aquel rastreo en las Antípodas que Jorge Carrión efectuó en el verano de 2002 y que durante cuatro años ha estado elaborando y reelaborando literaria y enciclopédicamente. Australia. Un viaje desprende varios aromas: el de los libros posmodernos de viajes (con la América de Baudrillard como referente), el de los libros clásicos de viajes, y el de los libros de Sebald. Es decir: hay reportaje periodístico a lo Tom Wolfe, y hay aventuras exóticas (con dingos y cocodrilos y cementerios perdidos en mitad de la nada y en medio de la noche) y postales y personajes memorables (caracterizados no tanto física como lingüísticamente) y hasta una historia de amor apenas insinuada, y hay una introspección autobiográfica (en la que se confunden los elementos ficticios y los no ficticios) que deviene en relato y ensayo históricos. Y todo ello en un libro estructurado a modo de diario (aunque escrito no en primera sino en segunda persona) y pespunteado de aforismos telegráficos que son variaciones sobre un mismo tema: el tema del viaje.
De costa a costa. «Toda realidad puede descomponerse en las capas que han sedimentado sobre ella», escribe Carrión. Y ese es el motivo de su travesía interoceánica: descomponer las capas que han sedimentado sobre la realidad, tan desconocida, de la emigración española a Australia. Un viaje que, atravesando el paisaje mutante de Australia de región en región y de costa a costa, le llevará a recorrer la historia de España (a la que, desde los postulados de Américo Castro, se refiere siempre como Madrastra, en versión light de la pútrida patria sebaldiana) recorriendo las historias de los primeros españoles que se desplazaron hasta aquella terra incognita, como evangelizadores de la Orden benedictina, y los que luego lo hicieron como mano de obra barata para la recolección de la caña de azúcar («uno de los cultivos más antiguos y migrantes del mundo»). Historias que son también la historia de su vida, pues varios miembros de su familia formaron parte de la Operación Canguro «que entre 1958 y 1963 implicó la llegada de 8.000 españoles» a Australia. Así, lo que empieza como un viaje de la memoria personal («la memoria del rastro genético»), acaba revelándose como un viaje de la memoria colectiva.
Distintos, pero complementarios, son todos los libros que germinan dentro de este libro a medida que uno avanza en la lectura, siguiendo los pasos de Jorge Carrión por aeropuertos, queenslanders, albergues juveniles, restaurantes, caravan parks, cibercafés, estaciones de autobuses, playas, ríos, desiertos, monasterios, bibliotecas, archivos y carreteras polvorientas que no acaban nunca. Carrión tiene muy claro de dónde parte (y quiere partir de la habitación en la que se alojó su familia materna cuando llegó a Mataró, desde Andalucía, a finales de los sesenta) y a dónde se dirige (a la otra punta del mundo, al lugar hasta el que se extendió una de las ramas de esa familia), pero es el azar el que determina sus pasos y el que se encarga de atar y de urdir, novelescamente, todos los cabos sueltos que le asaltan a lo largo del camino, e incluso cuando ya está de vuelta.
Traducción de uno mismo. El periplo australiano de Jorge Carrión es, pues, un viaje periodístico, y enciclopédico, y novelesco, y ensayístico, y autobiográfico. Un viaje literario de largo aliento y de largo recorrido que sitúa a su autor en el vagón de primera clase de los escritores de viajes españoles, por todos los riesgos que ha asumido, por la compleja identidad que ha sido capaz de desplegar y por el personalísimo, aunque todavía algo enredado, estilo que ha exhibido. «El viaje es la lenta traducción de uno mismo», dice Carrión en uno de sus telegramas aforísticos. Y los lectores nos quedamos esperando, sentados en el andén, a que regrese de su próximo viaje con la mochila cargada de más traducciones de sí mismo y de nuevos fragmentos de su vuelta al mundo.
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