DE QUIMERA [DOSSIER TELEVISIÓN, GÉNERO LITERARIO]
APOTEOSIS DEL RECICLAJE: HEROES
En su libro de conversaciones con Frank Miller, Will Eisner dice que desde sus inicios Superman y Spiderman están caracterizados como artistas de circo, porque salieron “a la palestra en una época en la que este negocio era puro circo”. Las acrobacias y el traje de esos personajes, por tanto, se deben a una representación de Nueva York como escenario circense: “La razón por la que las películas tienen tanto éxito es porque son circenses: tipos que caminan en cables a gran altura, que vuelan por el aire, que flexionan sus músculos. En Superman pasa eso, en Batman también, es lo mismo. Los primeros dibujos de Bob Kane de Batman se inspiraban en los seriales del cine mudo” (Eisner / Miller. Entrevista moderada por Charles Brownstein, Norma Editorial, 2006).Esa gimnasia, junto con sus trajes ajustados y sus máscaras, que ha sido emblemática del sub-género durante todo el siglo pasado, ha sido completamente eliminada de Heroes (2006-), la teleserie de Tim Kring que se está convirtiendo en el primer gran relato de superhéroes del siglo XXI.
En Heroes casi nada es nuevo. Los poderes mutantes, las tácticas narrativas, incluso el salto al futuro de capítulo 20 –el mejor de la primera temporada– provienen de la larga tradición contemporánea de los cómics de superhéroes. Un ejemplo entre cien: el plan de la destrucción de una parte de Nueva York, como estrategia para lograr que la humanidad estreche sus lazos de solidaridad, está clonado del final de Watchmen (1986-1987), la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons. Las diferencias respecto a la tradición gráfica son dos y en ellas se cifra la originalidad de Heroes: por un lado, el tratamiento del tema generacional, que implica la victoria del individuo (de su fe en la subjetividad) sobre el destino impuesto por sus mayores, en la defensa de que el fin no justifica los medios. Aunque en la historia del cómic haya casos emblemáticos de padres e hijos en tensión, la orfandad de Superman o de Batman, o la tía indefensa de Spiderman se imponen como modelos de relación intergeneracional. En cambio, en Heroes existe un novedoso e importantísimo tratamiento del tema de la herencia y de la emancipación: la generación paterna ofrece un legado, al tiempo que se resiste a entregarlo, duda de la madurez de la generación filial, manipula, adultera, se resiste a aceptar su fracaso. Este tema se elabora mediante una protocombinatoria que rige la serie y que se puede resumir así: en Watchmen es El Hombre Más Listo del Mundo quien trama la destrucción de Nueva York con fines terapéuticos, de modo que el que planifica y el que ejecuta es la misma persona, que pertenece a la generación de los superhéroes retirados y, en su caso, vendido al márqueting y a las finanzas, mientras que en Heroes el plan ha sido tramado por esa generación paterna –de presencia casi fantasmal en toda la serie–, pero debe ser ejecutada por sus hijos, en lo que interpreto como la injerencia de estructuras melodramáticas, propias de la teleserie americana (del norte y del sur), y sobre todo de la teoría de la conspiración, clave en la televisión de nuestra época, que incluye un posible presidente de los Estados Unidos, desgarrado entre los principios éticos y la presunta moral heredada, como hombre volador (la sombra de Superman, que deviene un personaje imposible en el siglo XXI). Una lectura de ese conflicto generacional (los héroes de nuestro siglo se contraponen a los héroes abortados del siglo anterior) sería el siguiente: la nueva generación de superhumanos, creada directamente en soporte audiovisual, no necesita, como la precedente, de la máscara. En varios momentos de la serie, los personajes se ríen de la posibilidad de disfrazarse para actuar. A rostro descubierto, desde el principio hasta el final, como los protagonistas de cualquier culebrón: así se enfrentan a su destino.
La segunda gran diferencia radica en el propio formato: la televisión y sus exigencias de mercado. La lectura de esa doble tradición (la del cómic y la de la televisión) que hace Heroes se explicita en la propia obra. En un ejercicio de honestidad más que loable, la producción pictórica del visionario Isaac Méndez, que también adquiere forma de cómic, se convierte en el guión implícito del destino de los personajes, cuyas acciones dependen claramente de lo que ven y leen en esos textos. El homenaje se hace aún más rotundo en los dos últimos capítulos de la serie, cuando el niño que habla con las máquinas (como uno de los tres componentes del grupo Planetary que creó Warres Ellis) elogia el valor del número uno de Silver Surfer, que le ha regalado su carcelera, cuyo poder consiste precisamente en alterar la imagen de las cosas. El niño acaba de intentar escapar y se ha encontrado en un bucle circular, cada vez que sale de la habitación/celda al pasillo vuelve a entrar, sin pretenderlo, en la misma habitación. En el televisor se proyecta una serie de dibujos animados que muestra siempre la misma escena. De ese loop televisivo quiso salir Heroes con su apuesta por el reciclaje. La obra maestra surge de la combinación nueva de elementos viejos. Este caso no es una excepción.